Ruth
llama al timbre que hay junto a la gigantesca entrada de las oficinas que el Cambridge Institute tiene
en la Gran Vía de Madrid. Cuando abren desde dentro, comprueba que tiene que
hacer buen esfuerzo para empujar la puerta, muy pesada. Parece una metáfora de
su situación, porque Ruth sabe que ese gesto es el primer paso para que se le
abran otras puertas, las de un trabajo fijo. Está de prácticas en una
multinacional de las finanzas y le exigen que mejore su nivel de inglés para
entrar en la empresa. Por eso, se ha puesto manos a la obra y va a inscribirse
en un curso.
Como casi todos los españoles, Ruth
asegura que tiene “un nivel medio de inglés”. “Entiendo partes de textos, puedo
hablar de temas sencillos y entender conversaciones no muy complejas”, explica.
Algo insuficiente para el puesto al que aspira, que le exigiría mantener
reuniones en inglés con trabajadores de otros países. “Ahora mismo sería
incapaz, y eso que llevo desde los siete años [tiene 25] estudiando el idioma.
Domino la gramática, pero nunca me han hecho hablar de verdad en clase”, se
lamenta. Ahora busca un curso de conversación que le ayude a colmar sus
lagunas.
El
caso de Ruth no es el único en España. Los españoles cojeamos
mucho en el dominio del inglés. Solo hay que oír tratando de hablar
en otro idioma al actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy o a su
predecesor, José Luis Rodríguez Zapatero. Pero ellos no son una excepción: solo
uno de cada diez españoles asegura tener un nivel avanzado de esta lengua, según un estudio de la OCU. Los
datos de otro estudio, realizado por el Cambridge University Press, son similares:
únicamente el 13% dice tener un nivel “alto” o “muy alto” de inglés. Además, el
71% se declara nada o poco satisfecho con su nivel de inglés. ¿Por qué nos
cuesta tanto?
LA RECIENTE APERTURA
Julio Redondas, Director de Comunicación
de Cambridge University Press, da algunas razones: “Hasta hace bien poco no
hemos empezado a salir fuera a hacer negocios, a estudiar, a conocer otros
países... En el momento en el que nos hemos abierto al mundo y hemos
descubierto lo que significa el mercado global, nos hemos dado cuenta de lo
extremadamente importante que es hablar en inglés para vender nuestros
productos en mercados no hispanohablantes, de lo importante que es dominar
inglés para vender la tan manida marca España”.
Además,
Redondas lamenta que los españoles hemos pensado en el inglés como si fuera una
asignatura que una vez aprobada se puede olvidar. Una tesis que comparte Adela
Alonso, profesora de inglés: “Algunos alumnos se
conforman con aprobar y viven de las rentas, de lo que ya traen aprendido,
pierden interés. En otras ocasiones trabajan bien, pero una vez conseguida su
buena nota aparcan el inglés”.
EL DOBLAJE Y EL MIEDO AL RIDÍCULO
Los
expertos señalan que otro factor, aunque no el más importante, que explica
nuestras dificultades con otros idiomas es el hecho de que se doblan todas las
películas. “Eso impide que hagamos oído y nos familiarizamos con otras
entonaciones. El español es más plano, el inglés tiene frecuentes subidas y
bajadas tonales que cuando las intentamos practicar nos da la risa. En versión
original se aprecian más las estrategias de comunicación utilizadas”. María del
Sol de la Fuente, directora
de English In Action, lo resume en pocas palabras: "Los
españoles vivimos en un estado de confort al tener todo traducido”.
Otro dato revelador que muestran muchos
estudios es que los españoles, por lo general, somos reacios a expresarnos en
otro idioma si no lo dominamos bien. El 81% de los entrevistados por el
Cambridge University Press reconoce que el miedo al ridículo es uno de nuestros
principales problemas, mientras que nueve de cada diez afirman sentir vergüenza
a la hora de comunicarse en este idioma, según la OCU.
“El
español y el miedo al ridículo han ido siempre juntos. En otros países, la
gente habla en otro idioma sin importarles si lo hacen bien o si cometen
errores. Me encuentro todos los días con alumnos que no preguntan lo que no han
entendido por el miedo al qué dirán. Cometer errores es parte de ese proceso,
pero es realmente difícil hacérselo entender”, lamenta Virginia Vinuesa,
profesora de inglés en la Universidad Rey Juan Carlos
de Madrid.
PROBLEMAS EN LA ENSEÑANZA
A
la hora de explicar su bajo nivel de inglés, el 50% de los encuestados por la
OCU aseguran que las enseñanzas del colegio le sirvió de poco. Vinuesa reconoce
que hay
muchas lagunas en la enseñanza de idiomas en España: "Año tras
año me encuentro con muchos alumnos a los que les sorprende que la clase se dé
en inglés.'Es la primera vez' me dicen. Considero aburrido estudiar año tras
año los mismos conceptos gramaticales, y lo peor es que se saben la teoría,
pero no ponerlo en práctica. ¿De qué sirve saber cómo se forma la voz pasiva en
inglés, si luego no son capaces de hacer una frase con esa estructura?"
María del Sol de la Fuente añade otro
problema en este sentido: "Muchos de los profesionales de colegios no
están lo suficientemente formados y experimentados para impartir la
asignatura".
NUEVAS GENERACIONES
A
pesar de todo, la mayoría de los expertos reconocen que las nuevas generaciones
comienzan, muy poco a poco, a dominar más el inglés. "Poco a poco se va
notando que los niños escuchan más inglés y lo pronuncian mejor y en algunos
casos han tenido incluso oportunidad de salir al extranjero con su familia.
Otros han hecho algún intercambio", señala Adela Alonso. Una opinión que
comparte Gaelle Schaefer, de la academia Hexagone.
"La situación está mejorando, dado que existe una preocupación cada vez
mayor, tanto a nivel político como individual. Las generaciones más jóvenes
salen a estudiar fuera y tienen asimilado que en el mundo que estamos".
Tan
asimilado tenemos los españoles la importancia del inglés que el 38%
estaría dispuesto a renunciar a un año de sexo si
eso le garantizara saber inglés, según el Cambridge University Press.
Si tan dispuestos estamos, ¿por qué
seguimos sin mejorar? "Porque no se nos enseña bien, porque no trabajamos
nuestro oído y porque no le dedicamos el tiempo suficiente", destaca
Schaefer. Redondas apunta en el mismo sentido: "Nos cautiva más la cultura
del atajo, estamos más dispuestos a sacrificios que implican un beneficio más o
menos inmediato y que nos garantizan un determinado nivel de inglés. Lo que nos
da pereza es el proceso que implica".
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